La artrosis (u osteoartritis) es una enfermedad de la articulación que afecta al cartílago y a otros tejidos articulares, y puede causar dolor, rigidez y limitación.

No es “solo desgaste”: el dolor no depende únicamente de lo que se ve en una radiografía, y el manejo se basa en un plan progresivo de movimiento, fuerza, control de cargas y, si hace falta, tratamiento del dolor.

En la mayoría de casos, el objetivo realista es mejorar función y reducir síntomas, manteniendo una vida activa.

La artrosis (también llamada osteoartritis) es una enfermedad crónica que afecta a toda la articulación (no solo al cartílago): puede implicar cambios en el hueso, la membrana sinovial y los tejidos que la rodean. El resultado más habitual es una combinación de dolor, rigidez y pérdida de función que varía mucho de una persona a otra.

Si has llegado aquí buscando “la solución definitiva”, conviene poner un marco realista: la artrosis no siempre progresa de forma lineal, y con un abordaje bien planteado muchas personas recuperan calidad de vida y vuelven a hacer actividad con seguridad.

Artrosis, tratamiento

Qué es la artrosis (y qué NO es)

La artrosis es un trastorno articular crónico en el que se producen alteraciones del cartílago y de los tejidos circundantes, y suele manifestarse con dolor, rigidez y pérdida de función.

Artrosis vs artritis: diferencias rápidas

  • Artrosis: el dolor suele ser más “mecánico” (aparece o empeora con la actividad, mejora con reposo relativo), con rigidez especialmente tras periodos de inactividad.
  • Artritis (inflamatoria): suele predominar la inflamación, con más signos como calor, hinchazón marcada y rigidez mantenida (esto depende del tipo de artritis). Ante dudas, conviene valoración médica.

A continuación una entrevista que me hicieron en BDN360.

¿Es “desgaste” o algo más?

El término “desgaste” se queda corto. La artrosis puede incluir cambios óseos (osteofitos), episodios de hinchazón y sensibilidad, y variaciones de síntomas en forma de “rachas” (días mejores y peores).

Síntomas típicos y cómo suelen evolucionar

Los síntomas más comunes incluyen:

  • Dolor durante o después del movimiento.
  • Rigidez, más notable al despertar o tras estar un rato sin moverse.
  • Pérdida de flexibilidad y limitación del rango de movimiento.
  • A veces hinchazón (no siempre) y sensación de “articulación cargada”.

Idea clave: la intensidad del dolor puede fluctuar. La meta del tratamiento suele ser que puedas hacer tu vida y tu deporte (adaptado) con menos dolor y más control.

Por qué aparece: causas y factores de riesgo

La artrosis es más frecuente en rodilla, cadera, columna y mano.

Factores que aumentan el riesgo (los más habituales)

  • Edad: aumenta con los años, aunque no es “obligatorio” tener dolor incapacitante.
  • Peso corporal y carga articular: el exceso de carga sostenida puede empeorar síntomas en articulaciones de soporte.
  • Lesiones previas (por ejemplo, menisco/ligamentos) y ciertos trabajos o deportes con cargas repetidas (según caso).
  • Genética y antecedentes familiares: tener familiares de primer grado con artrosis puede aumentar la predisposición, porque influyen factores heredados como la forma de la articulación, la calidad del cartílago y la respuesta del tejido al paso del tiempo y a la carga.

Diagnóstico: qué miramos y qué pruebas ayudan

El diagnóstico se apoya en la historia clínica y la exploración, y a veces se confirma con radiografía.

Radiografía, ecografía y resonancia: cuándo aportan

  • Radiografía: puede mostrar cambios típicos (estrechamiento del espacio articular, osteofitos), pero no siempre explica el dolor al 100%.
  • Resonancia: se reserva cuando hay sospecha de otras lesiones asociadas o síntomas que no encajan.
  • Ecografía: útil en algunos contextos para valorar derrame, tendones o estructuras periarticulares (según articulación y caso).

Si hay dolor persistente, pérdida clara de función o dudas diagnósticas, tiene sentido una valoración especializada.

Tratamiento de la artrosis: qué funciona de verdad (por orden de prioridad)

1) Ejercicio terapéutico: la base

El ejercicio es una de las herramientas más eficaces para mejorar dolor y función: combina fuerza (especialmente) con trabajo aeróbico y movilidad adaptada.

Cómo hacerlo sin miedo (regla práctica):

  • Empieza con cargas bajas y progresa semanalmente.
  • El objetivo no es “cero dolor”, sino dolor tolerable y controlado que no te deje peor al día siguiente.
  • Si cada intento acaba en un “brote”, no es que “no puedas”: normalmente hay que ajustar dosis, técnica y recuperación.

2) Control de cargas y hábitos que descargan la articulación

  • Alterna actividad/descanso, evita picos bruscos de carga (por ejemplo, pasar de 0 a 10).
  • En articulaciones de soporte, una reducción de peso (si aplica) puede disminuir carga y mejorar síntomas.

3) Tratamiento del dolor (cuando hace falta)

Según intensidad y contexto, se puede valorar tratamiento analgésico/antiinflamatorio en periodos limitados, siempre individualizando riesgos y beneficios.

4) Infiltraciones y cirugía: cuándo se consideran

  • Infiltraciones: pueden valorarse en casos seleccionados cuando el dolor limita el avance del plan de ejercicio o hay brotes.
  • Cirugía (p. ej., prótesis): suele reservarse para dolor y limitación importantes que no mejoran con un abordaje completo.

Plan práctico (7–14 días) para empezar hoy

Objetivo: menos dolor + más capacidad de movimiento.

  1. Elige 2–3 ejercicios de fuerza (20–25 min, 2–3 días/semana)
    • Ejemplo genérico: sentadilla asistida a rango cómodo, puente de glúteo, elevaciones de talón, tracción con banda (según articulación).
  2. Camina o pedalea suave 10–20 min, 3–5 días/semana (ritmo “puedo hablar”).
  3. Movilidad breve diaria (5–8 min): rangos suaves sin forzar.
  4. Registra 3 datos durante 2 semanas: dolor (0–10), sueño, actividad. Ajusta en función de respuesta.

Si en 2–3 semanas no hay mejora (o empeoras), conviene revisar diagnóstico, dosis de carga y estrategia.

Cuándo consultar (y cuándo hacerlo con prioridad)

Consulta para valoración si:

  • El dolor te impide caminar, entrenar o dormir de forma mantenida.
  • Hay bloqueo, pérdida brusca de fuerza o función.
  • Aparece inflamación marcada, enrojecimiento, fiebre o dolor intenso no habitual. (Estos signos requieren descartar otras causas).

Preguntas frecuentes sobre la artrosis

¿La artrosis se cura?

No solemos hablar de “cura” en sentido estricto, pero sí de mejoría clínica significativa: menos dolor, más fuerza, más función y mejor calidad de vida con un plan bien pautado.

¿Si tengo artrosis, debo dejar de correr o entrenar?

No necesariamente. A menudo se puede seguir activo, pero con ajuste de cargas, fuerza y progresión (y, si hace falta, cambios temporales en impacto/volumen).

¿Por qué me duele si “la radiografía no es tan mala”?

Porque el dolor depende de varios factores (sensibilización, tejidos periarticulares, inflamación puntual, carga acumulada), no solo de la imagen.

¿Qué es mejor: calor o frío?

Depende del momento: el calor puede ayudar a rigidez; el frío, en fases de inflamación o sensación de “articulación caliente”. Ajusta según respuesta.

Aviso informativo: este contenido es general y no sustituye una valoración médica individual. Si el dolor es intenso, persistente, limita tu actividad o aparece inflamación marcada, consulta con un profesional sanitario.

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Dr. Vicente López,traumatólogo deportivo
Especialista en Medicina del Deporte, Traumatología y Cirugía Ortopédica | Más sobre el autor |  Todos los artículos

El Dr. Vicente López es médico especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología, con dedicación especial a la traumatología deportiva y al tratamiento de patologías músculo esqueléticas de la extremidad inferior mediante artroscopia.